"Falpalà era un sujeto con cara de pocos amigos.
-Solo tengo un breve comentario que hacer. La Ley Cozzi-Pini está demostrando su eficacia, y, si mueren los inmigrantes, ello se debe a que la ley permite que se persiga a los patrones que, en caso de dificultad, no tienen el menor reparo en arrojar al mar a los desesperados para no correr el peligro de ser detenidos. Solo quisiera añadir que...
Montalbano se levantó de un salto y cambió de canal, más que enfurecido, abrumado por aquella presuntuosa estúpidez. Los muy ilusos, a través de medidas policiales y decretos-ley, creían poder detener una migración que marcaría un período de la historia. De pronto recordó que una vez había visto, en un pueblo toscano, los goznes de la puerta de la iglesia vueltos del revés. Un lugareño al que había preguntado le contó que, en la guerra, los nazis encerraron allí a los hombres del pueblo y empezaron a arrojar bombas de mano desde arriba. Los hombres, presa de la desesperación, forzaron la puerta y consiguieron abrirla en sentido contrario al habitual. Muchos habían logrado escapar.
Pues bien: aquella gente que llegaba de los lugares más pobres y devastados del mundo llevaba dentro de sí una fuerza y una desesperación capaces de hacer girar los goznes de la historia en sentido contrario, a despecho de Cozzi, Pini, Falpalà y compañía, que eran a un tiempo la causa y el efecto de un mundo habitado por terroristas que mataban a tres mil norteamericanos de golpe, por norteamericanos que calificaban de «efectos colaterales» los cientos de civiles que perdían la vida en sus bombardeos, por automovilistas que despanzurraban a persnaes y no se detenían a prestarles ayuda, por madres que mataban a sus hijos en la cuna sin motivo, por hijos que estrangulaban a madres, padres, hermanos y hermanas por dinero. Un mundo de falsos balances que, según las nuevas normas, ya no tenían que ser considerados falsos; un mundo donde gente que debería estar en la carcel no sólo gozaba de libertad sino que encima, hacía y dictaba leyes."